Aislar una casa de verano para vivirla todo el año
Muchas casas de la Costa Brava se construyeron pensando solo en el verano. Te explicamos cómo aislarlas para ganar confort y poder vivirlas en invierno.

Buena parte de las casas y apartamentos de la Costa Brava se construyeron como segunda residencia de verano, cuando el aislamiento no era prioridad. El resultado se nota en cuanto bajan las temperaturas: frío, humedad, condensaciones y una factura de calefacción disparada. Si quieres usar la casa también en invierno —o vivir en ella todo el año—, aislarla bien es la inversión que más confort da por euro.
En esta guía te explicamos por dónde se escapa el confort en una casa de verano y qué soluciones existen para cada caso.
Por dónde se escapa el confort
En una casa, el frío y el calor entran y salen sobre todo por tres sitios: las ventanas, la envolvente (fachadas y cubierta) y los puentes térmicos. En las casas de verano de la costa, lo más habitual es encontrar ventanas de aluminio sin rotura de puente térmico, cubiertas sin aislar y fachadas de muro simple. Cada una se aborda de una manera, y conviene saber cuál es el punto débil antes de invertir.
Las ventanas: el primer cambio
Cambiar las ventanas antiguas por unas de doble acristalamiento y rotura de puente térmico es casi siempre la mejora más rentable. Frena las pérdidas, elimina las corrientes y reduce mucho el ruido y las condensaciones. En una casa junto al mar, además, conviene una carpintería que aguante bien la salinidad y el viento.
Aislar fachada y cubierta
Según el punto débil de la casa, las soluciones más habituales son:
- SATE (aislamiento por el exterior): envuelve la fachada y elimina puentes térmicos; muy eficaz en obra integral.
- Trasdosado interior: aislar por dentro, opción individual cuando no se puede tocar la fachada.
- Aislar la cubierta, clave en casas de una sola planta o bajo cubierta, por donde se pierde mucho calor.
- Mejora de la ventilación para evitar condensaciones en una casa que antes solo se usaba con las ventanas abiertas.
Humedades: el problema del invierno
Una casa de verano que se cierra en invierno suele sufrir humedades y condensaciones al no ventilarse ni calentarse. Si vas a vivirla todo el año, conviene resolver el origen —una cubierta o terraza que filtra, un muro sin aislar— con impermeabilización y aislamiento, no solo pintar sobre la mancha. Tratar la humedad de raíz es lo que evita que reaparezca cada temporada.
Confort que ahorra dinero
Una casa bien aislada no solo se está más a gusto: gasta mucho menos en calefacción y aire acondicionado, algo que se nota cada mes. Y si la actuación mejora la eficiencia energética del edificio, puede acogerse a ayudas a la rehabilitación. A medio plazo, la inversión se recupera en ahorro y en valor de la vivienda.
Hay un detalle que muchos pasan por alto: en la costa, el aislamiento también protege frente a la humedad ambiental y la salinidad, que en una casa fría y mal ventilada aceleran el deterioro de paredes, carpinterías y muebles. Una vivienda bien aislada y ventilada se conserva mejor y necesita menos reparaciones con los años.
Por dónde empezar
Lo más práctico es empezar por un diagnóstico: ver dónde se pierde el confort en tu casa concreta y priorizar. A veces se resuelve dentro de una reforma integral y a veces con actuaciones puntuales. Si tienes una casa de verano en la Costa Brava y quieres vivirla todo el año, cuéntanoslo: la visitamos y te proponemos la mejor solución con presupuesto cerrado.
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